Un cuento de los Hermanos Grimm
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Hänsel y Gretel
Un cuento de los Hermanos Grimm
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Había una vez un leñador muy pobre que vivía junto a un enorme bosque con su esposa y sus dos hijos: el niño se llamaba Hänsel y la niña, Gretel.
Madrastra: Mañana llevaremos a los niños a lo más espeso del bosque… y los dejaremos allí.
Padre: No, mujer. ¿Crees que tengo el corazón de piedra?
Madrastra: Entonces, ¿nos morimos de hambre los cuatro?
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Pero los niños no podían dormirse. Lo habían oído todo. Gretel lloraba en silencio, pero Hänsel tuvo una idea.
Hänsel se escabulló fuera de la casa. Era noche de luna llena y las piedrecitas blancas del suelo brillaban como si fueran de plata. Recogió cuantas le cabían en los bolsillos.
Hänsel: Tranquilízate, hermana, y vete a dormir.
Hänsel: Dios no nos abandonará.
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Al amanecer, la madrastra los despertó y emprendieron la marcha hacia el bosque. Hänsel se detenía cada poco para dejar caer una piedrecita blanca en el camino.
Madrastra: Tumbaos junto al fuego. Vuestro padre y yo vamos a cortar leña... Cuando terminemos, vendremos a buscaros.
Hänsel y Gretel esperaron junto al fuego. Oían los golpes del hacha, pero en realidad era solo una rama que golpeaba contra un tronco. Poco a poco se quedaron dormidos.
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Hänsel: Espera a que la luna esté en lo alto y encontraremos el camino.
Cuando salió la luna, las piedrecitas de Hänsel brillaron como monedas de plata, señalando el camino de vuelta. Caminaron durante toda la noche siguiendo aquel rastro luminoso.
Al amanecer, la casa apareció al fin entre los árboles. El padre se alegró muchísimo de verlos, pues su conciencia no le había dejado dormir ni un solo instante.
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Pero los tiempos de escasez no habían pasado. Una noche, los niños volvieron a oír desde la cama la misma conversación de siempre.
Hänsel se levantó para recoger piedrecitas… pero la puerta estaba cerrada con llave.
Hänsel: No llores, Gretel. Seguro que Dios nos ayuda.
A la mañana siguiente les dieron un trozo de pan aún más pequeño que la vez anterior. En el camino hacia el bosque, Hänsel fue desmigajándolo a escondidas y dejando las migajas en el suelo.
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Cuando salió la luna y Hänsel buscó las migas, habían desaparecido. Miles de pájaros del bosque se las habían comido todas.
Anduvieron durante toda la noche y todo el día siguiente sin encontrar un camino para salir de aquel bosque interminable. Solo encontraban raíces y bayas para comer.
Al final del tercer día, sus piernas se negaban a sostenerlos. Se tumbaron debajo de un árbol y se durmieron, exhaustos y sin esperanza.
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Al amanecer, un precioso pájaro blanco como la nieve se posó en una rama cercana. Su canto era tan dulce y hermoso que los niños se detuvieron a escucharlo, hipnotizados.
Cuando terminó de cantar, el pájaro levantó el vuelo. Los niños lo siguieron sin dudar, como si algo les dijera que debían confiar en él.
¡La casa estaba hecha de pan y cubierta de pasteles!
Hänsel: ¡Yo comeré del tejado!
Gretel: ¡Y yo probaré la ventana de azúcar!
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Se abrió la puerta y apareció una anciana apoyada en un bastón.
Bruja: ¡Oh, qué bien, unos niños! Pasad, no tengáis miedo.
Pero era una bruja. A Hänsel lo encerró en el establo.
Bruja: ¡Saca un dedo, que vea si engordas!
Pero Hänsel siempre sacaba un hueso.
Bruja: Métete dentro y mira si el horno está caliente.
Gretel se percató de sus intenciones.
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Gretel: ¿Cómo entro?
Bruja: ¡Estúpida! Mira, hasta yo cabría.
En ese instante, Gretel la empujó con todas sus fuerzas dentro del horno y cerró la puerta de hierro. Después corrió al establo y liberó a su hermano.
Gretel: ¡Hänsel, somos libres! ¡La bruja ha muerto!
En cada rincón encontraron cajas de perlas y piedras preciosas.
Hänsel: Son más bonitas que las piedras blancas.
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Hänsel: ¡Vámonos! Alejémonos del bosque de las brujas.
Corrieron sin mirar atrás mientras la casa ardía.
Un gran lago les cortó el paso... cruzaron el lago sobre el lomo de un gran pato.
Gretel: Mi señor don pato, ¿nos podría llevar?
Gretel sacudió su delantal y las perlas rodaron por el suelo. Terminaron sus penurias y pudieron vivir felices para siempre.
Un cuento de los Hermanos Grimm